
Ahí estaba. Cualquiera que me viera pensaría que estaba muerto, o bien, dormido. El entorno pasaba desapercibido para mí. Carros, gente, sonidos aquí y allá... y en mí solo mi silencio y yo. Escuchaba placenteramente como no se escuchaba nada en lo absoluto, miraba a las personas pasar, viendo como se comunicaban unas con otras, mimos para mi. La soledad de mi persona me hacía recordar. Pasaban imágenes que pocas veces eran acompañados de sonidos mudos. Me divertía estar así, viendo mis recuerdos mezclados con la realidad ante mis ojos, fusionando sonidos con el silencio, haciendo de esto una especie de canción rara.
Muchas veces me encuentro en esa situación. Me es fácil salir de la realidad cuando ésta no me es placentera. Por que aguantar algo que no me gusta si puedo huir por un momento a donde me plazca? Hay que aprender a escuchar el silencio para poder sentirlo. La música que produce es tan grata como todo lo que traigas dentro. El viaje puede durar todo lo que quieras, o lo que sea necesario. Incluso se puede hacer por mero capricho, solo ves lo que no esta frente a ti, y escuchas tu interior.
No le tomas importancia al ruido cotidiano, al eco que hacen las palabras, al sonido nefasto de la urbanización, hasta que no lo escuchas. Y cuando lo escuchas quieres regresar al silencio, es un circulo vicioso que te atrapa y no te deja salir.
Ves las hojas caer, las hormigas caminar, el pájaro cantar, el auto encender. Ves como habla una mujer, como canta a placer. Ves como llora un bebe y como lo duermen otra vez. Ves la gente sus labios mover, y como la tele chistosa se ve. Pero dentro de ti, solo estas disfrutando otra vez.
Escuchas?.... es el sonido de la nada!

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